jueves, 20 de septiembre de 2007

La carta esférica


La Carta Esférica se trata de un nuevo intento de trasladar a la pantalla grande una novela de Arturo Pérez Reverte. Narrativamente más afortunada que esa debacle de nombre Alatriste –el porqué de que nadie quiera decirlo demasiado alto, se me escapa, o quizá no…-, cuenta como Coy, marinero en tierra, conoce a Tánger, una atractiva conservadora de museo, para quedar perdidamente enamorado de ella e inmerso en la búsqueda de un navío jesuita hundido mientras la pareja se convierte en el centro de una misteriosa conspiración.
El argumento, a priori atractivo, se ve lastrado en su adaptación a la pantalla por uno de los males endémicos del cine español, esto es, un desánimo general en el que todos parecen estar aquejados de una ligera jaqueca o depresión post-parto de una adaptación cinematográfica que merecía precisamente un mayor sentido de la aventura, del romance y del humor. No obstante, esos elementos aparecen puntualmente a través del correcto devenir de una cinta que, digamoslo ya, pide a gritos un poco más de acción y emoción (que, según parece, la novela sí ofrece). Las razones de esto, desde carencias de presupuesto hasta deseos de autoría según ésta es entendida en estos lares, no importan ya: La carta esférica queda como el enésimo quiero y no puedo dentro del cine comercial patrio, pero de todas formas nos obsequia con un Carmelo Gómez que resulta lo mejor de la película, una correcta y bellísima Aitana, y una fotografía y una cámara de Aguirresarobe que parece querer pedir más caña, que es lo que le falta al rutinario guión de Uribe, que centra toda su intriga en describir la errática relación de Coy con Tánger de forma muy decente, pero se olvida del trasfondo de la aventura en la que ambos se ven inmersos. Verdadera combinación de cine negro con aventura, La carta esférica es de todas formas una decente opción que no ofende ni entusiasma.